Por fin descansé....

domingo, noviembre 06, 2005

Tiempo libre

Aquella mañana me había despertado convertido en un pájaro, un pájaro pequeño, como un colibrí, pero de una especie inexistente. No me extrañé de ello, ¿quien no se despierta de vez en cuando transformado en pájaro? Así que decidí aprovechar mi nueva condición y volé por mi ciudad, a ver lo que encontraba.
Volé sobre los parques, repletos de niños correteando (quien fuera niño), volé sobre las plazas repletas de ancianos que reían a carcajadas recordando sus aventuras de juventud (ojalá llegue ser uno de ellos), volé hasta Francia, Italia, la India, Japón… y siempre en todos y cada uno de esos lugares, me asombre de poder escuchar el dulce acento de mi lengua materna.
Pero entonces recordé que estaba muy lejos, no sabia cuanto tiempo permanecería en este estado, así que volví rápido a mi (ahora más que nunca) pequeña ciudad.
De camino a casa, me crucé con una cafetería en la que había pasado gran parte de mi juventud, no es que fuera un lugar muy interesante que visitar cuando se es pájaro, pero decidí entrar.
Sorprendido, pude ver que allí continuaban muchos de mis viejos amigos, era como si el tiempo se hubiera detenido en aquel lugar. Parecia que se divertían, jugaban a las cartas, a los dardos...
Por un momento me quede fascinado mirándolos y recordando aquellos tiempos en que era uno de ellos. Pero cuando llevaba allí un rato, noté que algo resultaba extraño. No hablaban, no se reían, solo miraban fijos al valet de cartas que se deslizaba ante sus ojos, sobre la mesa, y cuando cada una de las cartas había bailado su parte, las recogían y la hipnótica danza empezaba de nuevo. Pero nada más.
Entonces me di cuenta de que sólo parecían felices, no lo eran, pero tampoco parecían tristes. Simplemente, no eran.
Intente contarles lo que había visto por el mundo, lo que les esperaba si cruzaban la puerta de ese bar que parecía mantenerlos atados a sus sillas mediante alguna especie de maldición, pero no me entendieron. Claro, nadie entiende a los pájaros.
Con una desagraable sensación de impotencia me quede mirándolos unas horas con la esperanza de que, de alguna manera, sus pensamientos se impregnaran de los míos y consiguieran por fin abandonar aquel sombrío lugar. Pero no fue así, permanecieron mudos.
Abatido, abandone ese lugar sin poder hacer nada. Me resultó muy duro ver como algunas personas echan a perder su vida sin tan siquiera saberlo.

Yo, por suerte, aquella mañana había nacido pájaro.

sábado, agosto 20, 2005

Que hacer....

que hacer cuando no hay nada que hacer
que hacer cuando se esta tan ocupado que no se pude hacer nada
que hacer cuando tus amigos se vuelven unos desconocidos
y cuando ya no hay ni malo conocido
y que hacer cuando Carolina se valla
...y Kina
...y Michelle (ma belle)
y cuando a Lolita le crezcan las alas
que hacer cuando me mire un desconocido
que hacer cuando sea ella quien me mire
que hacer cuando sobran las palabras
que hacer cuando se quiere tanto que no llegan las palabras
que decir cuando sea yo el que se halla ido
Que hacer cuando rebose de alegría
y cuando mi sonrisa coja el primer tren a ningún lugar
y cuando mis papeles se emborronen de lluvia salada
que haré cuando mi traje sea de madera
que haría si volviera?

Y el filosofo se quedo en su cama pensando que haría...
y un día más dejo de disfrutar del sol de primavera

sábado, julio 30, 2005

La cara de el miedo

Tenia TIEMPO… toda una tarde de sábado para mi solo, millones de cosas que hacer, pero ninguna se me venia ahora a la cabeza. Mis musas se habían ido, pero NO quería creer que estaba solo. Entonces creí que mi imaginación me haría compañía… pero también se había marchado...

Estaba solo...

Tenía miedo...

Y entonces como en un ultimo intento de supervivencia, (justo antes de hundirme en el confuso y amargo torbellino de viejos recuerdos, dulces en su día, pero que ahora se tornaban ásperos y empalagosos recordándome lo que ya no tenia, y lo que nunca habría querido tener), decidí mirar al miedo a la cara, pero…

¡No tenia cara!

¿A que tenia miedo entonces?


No había nada que pudiera hacerme daño, hacia tiempo que había superado los miedos de mi infancia, ya no creía en espíritus ni seres paranormales

Si solo estaba yo,

¿A qué tenía miedo?


Solo yo… ¿será esto lo que llaman miedo a la soledad? ¿Pero qué es la soledad?, ¿existe?, ¿porque tiene nombre de mujer?

No la veo, pero PUEDO sentirla, parece que me sopla en la nuca y que se agarra a mis entrañas fuerte, retorciéndolas…y me susurra al oído todos eses nombres de mujer que he QUERIDO (olvidar) : mis musas…
…me susurra los nombres de las que he conocido, y me nombra a aquellas que he perdido, y me GRITA cada uno de los nombres de las musas que JAMÁS he tenido


Pero, ¡NO!

¡No existe!

¡No creo en nada que no pueda explicar!

¿Quien me susurra entonces, quien me habla, quien me GRITA?

¿Quién me tortura cuando estoy solo?

Si no existe…

¿Que es?

¿Quién es?

¿De que tengo miedo?....

Y de repente aquella tarde lo vislumbre. Había conseguido mirar a la soledad a los ojos. Eran unos ojos tristes, intranquilos, perdidos, pero extrañamente familiares…

Me alejé para verla mejor, y lo descubrí, todo tomó sentido, aquellos ojos eran MIS ojos, y aquella cara era la mía, y a aquello a lo que tenía MIEDO era a mi mismo.

Lo había descubierto…

Era sábado cuando lo descubrí, había sido la soledad la que entre nombres de mujer me desvelo la verdad, “mírame” me dijo “eres tu”

Aun no había logrado ser feliz, pero sabia como, y estaba al alcance de mi mano. Cuando lograra acallar todas esas voces, cuando lograra corregir mi pasado, (y olvidar lo incorregible), ese miedo habría desaparecido.

Y solo, en el sofá, fundiendome con los pétalos dorados que formaba el sol através de la persiana...
por fin descansé.

Presentación

Por fin me decido a escribir (o describir) mis pensamientos.

Hacia tiempo que quería transformarlos en palabras, para ver si así tomaban una forma comprensible, seguramente solo para mí, aunque quizás también para alguna lectora o lector avispado que logre sintonizar con mis sentimientos, o que peque de excesiva imaginación.

Por eso, he decidido plasmarlos aquí, y aunque tengo prácticamente la certeza de que nadie lo leerá, yo siempre jugaré a imaginar que en el otro lado del globo (o en mi mismo edificio) alguien lee lo que escribo y (aunque sea un poquito) se conmueve.